“La tuve entre los brazos oliendo a sangre, le hice beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa ultima operación de conocimiento que solo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y tiró contra contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.”
(Cap.5)